por Juan Vergillos

PREMIO NACIONAL DE FLAMENCOLOGÍA

Ha publicado novelas, ensayos, libros divulgativos, relatos, poemas y letras de canciones. Ha escrito y dirigido espectáculos de danza y de cante flamenco. Ha dirigido festivales de flamenco y otras artes escénicas. Ha ofrecido conferencias, talleres y espectáculos en teatros, festivales, colegios y universidades de Europa y América. Colabora habitualmente en la prensa generalista y especializada. Dirige el blog Vaivenes Flamencos.







martes, 2 de julio de 2013

Camarón

Ha sido el último gran terremoto de este arte que, por su coincidencia con un periodo de enorme influencia mediática fue ampliado hasta convertirse en un fenómeno social sin precedentes que, en buena parte, ha ensombrecido el hecho artístico. En este último ámbito, el estético, Camarón (San Fernando, 1950- Badalona, 1992) ha ejercido en nuestro tiempo tanta influencia, sino más, que Chacón, Caracol o Mairena en el suyo. A decir verdad el fenómeno Camarón cuenta con un único precedente ligeramente asimilable, el del Niño de Marchena, cantaor con el que tantas semejanzas tiene el de La Isla,aunqueno lo parezca a primera vista, puestas de manifiesto en escasísimas ocasiones (así Agustín Gómez en su reciente ‘De estética flamenca’).



Clasicismo y revolución      
Camarón ha pasado a los anales flamencos como el último gran revolucionario de este arte. Sin embargo el artista fue durante mucho  tiempo un intérprete de corte clásico, como atestigua buena parte de su discografía o la obtención de galardones en certámenes de cante tradicional o concedidos por instituciones tradicionalistas, como el Primer Premio en el Concurso ‘Antonio Mairena’ de Mairena del Alcor (1971) o el Premio Nacional de Cante de la Cátedra de Flamencología de Jerez (1975). Los años setenta fueron un buen periodo para el cante tradicional aunque la bonanza discográfica obligaba a los artistas a llevar a cabo alguna concesión comercial, a la que no escaparía ningún intérprete de la época. La revolución camaronera iniciada a finales de los setenta no surgió de la nada: el flamenco pop era un género consolidado desde los años sesenta, y el ambiente experimental ya había producido fenómenos como Smash, Lole y Manuel o los propios Veneno, que acompañarían al de La Isla en ‘La leyenda del tiempo’, como instrumentistas y compositores. Por otra parte, cantaores como Enrique Morente ya se habían atrevido a musicar poemas de Miguel Hernández, Antonio Machado o el propio Lorca. Ahora bien, el carisma del isleño era único e intrasferible. Y Camarón llegó a la mayoría y se convirtió en un mito: alcanzó la máxima cotización económica y de ventas de discos hasta entonces de un artista flamenco, y posee, asimismo, el récord de asistencia a un evento flamenco. El 10 de mayo de 1988 quince mil almas se acercaron al Palacio de los Deportes de Madrid, hoy reducido a cenizas, para escuchar y aclamar al cantaor. Un fenómeno social y mediático acentuado por su temprana muerte: como los dioses, Camarón está más allá del tiempo y su fuerza permanecerá intacta para la eternidad por obra suya y gracia del disco compacto.

Afinación prodigiosa
¿Cuáles son los poderes artísticos de este fenómeno? Ante todo su prodigiosa afinación, caso único en el ámbito flamenco. Este ‘don natural’ tiene que ver sin duda con la enorme afición que el cantaor demostrara siempre, no sólo hacia este arte, sino a todo tipo de música  popular vocal  Por otro lado está su enorme sentido del ritmo, que demostró especialmente en los cantes festeros. Finalmente su gran personalidad artística, que trasfiere a todos los estilos, tanto los levantinos como los de ritmo estricto.

Concierto, disco y libro
Formó un tándem inolvidable con Paco de Lucía, merced al concepto de ‘Colaboración especial’ que acuñó el productor de sus primeros discos, Antonio Sánchez Pecino, dúo que apenas lograría separar la muerte del cantaor, el 2 de julio de 1992, a pesar de la conocida polémica sobre los derechos de autor. Descubrió a uno de los más importantes guitarristas de nuestra época, Tomatito, un músico tocado todavía por el aura de los muchos años y escenarios compartidos con Camarón. Inauguró toda una escuela flamenca de interpretación, con infinidad de seguidores e imitadores, marcando a todas las promociones posteriores de intérpretes. Entre sus epígonos más destacados figuran José Mercé, Diego El Cigala, Duquende o El Potito, todos ellos con una notable personalidad, algunos de los cuales estarán el próximo 14 de septiembre en el Hotel Triana en el espectáculo ‘Territorio Camarón’, homenaje que la Bienal de Sevilla le dedica a los diez años de su fallecimiento. La nueva biografía, firmada por Luis Fernández Zaurín y José Candado Calleja (‘Camarón, biografía de un mito’, RBA), apenas aporta datos nuevos de relevancia, aunque nos acerca al Camarón más íntimo merced a las confesiones de Candado, ‘road manager’ del artista en su última época. El disco homenaje, que se presentó ayer, cuenta con la participación de familiares, amigos íntimos y ex colaboradores.
   
De Leyenda y Arena recomendamos
Al margen de consideraciones comerciales, podemos señalar dos partes bien diferenciadas en la trayectoria del cantaor, con las lógicas imbricaciones. Así a una primera época pujante, clasicista, sucede otra barroca y decadente, que es por otro lado la que resulta más seductora para la mayoría. Sin embargo en la primera ya encontramos, puntualmente, estribillos a coro, bajo eléctrico y demás arreglos manieristas. De la misma manera que en su periodo posterior aparecen elementos de corte clásico, especialmente en las grabaciones en directo. Se considera a ‘La leyenda del tiempo’ el arranque de la segunda etapa, como el culmen de la misma. Es sin embargo el disco que peor ha soportado el paso del tiempo: los arreglos e instrumentación están demasiado ligados a la estética pop de los setenta. Grabaciones posteriores, como ‘Calle Real’, resultan hoy más frescas merced al acompañamiento del sexteto de Paco de Lucía. No son dos periodos excluyentes ni contradictorios, como piensan algunos aficionados, pero está claro que cada cual se siente más o menos cerca de una u otra estética. Con todo, si hubieramos de elegir una sola grabación de toda su trayectoria (elección que, evidentemente, no tenemos que hacer pero..., pongamos que un amigo lapón, que en su vida ha escuchado al de La Isla, nos pide una recomendación), nos quedamos con el sobrio equilibrio de 'Castillo de arena', en donde el cantaor alcanza su madurez como intérprete y aficionado, adaptando a su tiempo y condiciones tanto los estilos rítmicos como los ‘jondos’.


[Este texto, con el título ‘Camarón, diez años después’ se publicó en el ‘Diario de Sevilla’ el 2-7-2002. Hoy lo doy a las prensas virtuales tal cual, porque suscribo, aunque con matices, la esencia de lo dicho entonces. Los matices: también, entre otras causas, por el amor a la muerte que tenemos por estos lares, el cetro de flamenco revolucionario a pasado al maestro y añorado Enrique Morente en los últimos años. Todavía hay algún artista en la escena contemporánea que puede discutir este honor a los dos fallecidos, aunque cuenta con el inconveniente, y por muchos años, de que respira y es envidiado. No estoy seguro de que hoy elegiría el disco ‘Castillo de arena’ como representativo único del arte camaronero, aunque es un disco enorme y muy importante para mi memoria sentimental. Por otra parte, el reproducir este artículo tal cual, permite ver las miserias y grandezas de los 10 últimos años en torno a lo jondo: desde luego no tenemos, hoy, ningún disco de homenaje a nuestra cantaor aunque el libro de mi paisano Francis Mármol me resulta más interesante que el que publicó Candado diez años atrás].


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